La toma de decisiones no la podemos subcontratar, a diferencia de, por ejemplo, la gestión  administrativa de la empresa. Cada persona está irremediablemente obligada, por acción o por  omisión, a tomar decisiones. 

La toma de decisiones está tan ligada a nuestra vida que no podemos prescindir de ello: no  podemos abstenernos de hacerlo. Lo que sí podemos decidir es SI la queremos tomar nosotros o si preferimos que otros lo hagan por nosotros.

No podemos renunciar a decidir, porque haciéndolo nos  convertimos en espectadores en vez de en actores protagonistas de nuestra existencia.

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